¿Nunca nadie ha pensado lo correctos que somos? Quiero decir que es tan fácil llenarse la boca con lo de:
- Yo soy muy claro y digo lo que pienso.
- Yo no soy hipócrita y actuo en función con lo que yo creo.
- Esa es una falsa porque dice que la falda de Pepi es fea y no se lo ha dicho a la cara.
La verdad es que yo nunca alardeo de decir lo que pienso de alguien o de algo. Para mí, mi
sinceridad es algo que los demás tienen que ganarse. Muchas veces viene "nosequién" y sin
haberle preguntado, te suelta una retahila de juicios sobre ti y cuando acaba se siente
orgulloso porque "yo te digo las cosas a la cara", como si a mi me importara..
Creo que muchas personas confunden la franqueza con el descaro y su imposición de carácter, alegando sinceridad.
Pero bien, los tiros de este post no apuntan hacia la mala educación disfrazada de franqueza,
si no de los actos consecuentes más salvajes y sin sentido.
Hoy me gustaria hablar de ser franco o sincero con los primeros instintos del dia.
¿No os habeis sentido alguna vez cabrones? ¿No habeis querido hacer alguna vez algo políticamente incorrecto sin venir a cuento? ¿No te dan ganas de comportarte como un soberano hijoputa solo por joder? ¿Para desahogarte y cabronear a tus anchas..? ¿Tirar a la basura cualquier resquicio de ética y
moral? ¿Ser totalmente francos y aplicarlo a los más cabrones instintos?
Por ejemplo, cuando pasas al lado de un instituto y ves cientos de adolescentes hormonados.
¿Quien no ha deseado hacerle la zancadilla a la niña de 15 años que sale corriendo con los
zapatos de tacon rojos?. Como se le retuercen las rodillas al no tener ni puta idea de caminar
con tacones y chillando con voz estridente "esperame Jenny tiaaaaaa!!!".
Ver como se las da de morros contra el frío suelo..
O cuando estás en el bus y llevas 1/2 hora de pie y delante tienes a uno sentado durmiendo como
un bendito. Agarrarle la cabeza, zarandeársela y ver su cara pálida por el susto.
Como jode estar en un bar tranquilillo, y que al lado se te ponga uno a hablar con el móvil como si de Gila se tratara. Con voz estruendosa de esas que hacen que se estremezca tu tímpano. Como molaria ser cabrón, agarrarle el móvil a media conversación y tirarselo al cubo del agua de fregar.
Como gustaria reunir las hagallas suficientes para tirarle el cacharrito de las servilletas al
camarero. El mismo camarero que lleva 15 minutos hablando con su colega y no se ha dignado ni a
mirarte para atenderte.
Gritarle a la oreja, a la maruja que se te cuela en la cola de la carniceria, un "Puta zorra, espera tu turno!!!".
Verter en la cabeza engominada del metrosexual de turno, un bote de pintura plástica. Ese metrosexual arrogante que acapara las miradas de la estúpida audiencia femenina de un local.
Aaaahh!!! Ser malo!!!!!
En fín. La verdad es que apetece comportarse como un maldito cabrón, pero la sociedad nos otorgó
una escala de valores que partió desde el clásico "niño eso caca". Por eso, y porque si te comportas como un cabrón te arriesgas a que te calcen una soberana hostia muy correctamente.

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