Tomé mi tiempo en aprenderlas pero una vez que empecé a manejarlas, no hubo quien me superase. Escogía las más pertinentes a la hora de conocer a alguien, explicar cualquier cosa o exponer mi punto de vista. Incluso cuando se trataba de mentir ellas surgían, veloces y persuasivas, para recrear esa realidad que me negaba a aceptar. Pero cuando me llegó el momento final, las traicioneras se negaron a salir de mis labios, dejándome en un silencio vacío de..

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