Los años pasan y van aumentando el lastre con el que uno tiene que cargar cada mañana, al despertarse. Quizá sea por mi insomnio patológico-voluntario, pero las fuerzas con las que me despierto son inversamente proporcionales al día de la semana. Últimamente tengo tiempo para todo, y siento que los malgasto en actividades circulares que me dejan en el mismo punto de la espiral rutinaria en que, poco a poco, se va convirtiendo mi vida.
[ciclos dentro de otros ciclos]
Y siento que, aunque lucho en muchos frentes, no avanzo en ninguno, tengo demasiadas batallas por ganar, demasiados armisticios que firmar. Lloro en silencio por los años perdidos y a veces deseo cambiar un par de decisiones que tomé hace tiempo y que, como no podía ser de otra forma, han ido marcando el camino que debía seguir. Entonces me asaltan los pensamientos místicos sobre el destino prefijado y el placebo de que, tomemos las decisiones que tomemos, nuestro destino no cambia. Pues vaya, espero que el mío aún esté en garantía y en el supermercado de las vidas me dejen hacerle un par de ajustes.
¬ Buenos días, ¿qué desea?
¬ Cuarto y mitad de optimismo y dos cucharadas de alegría.
¬ ¿Irracional o con motivo? Los motivos los vendemos a parte…
[ladrones...]
¬ Me llevo la irracional. ¿Tenéis algo para hacer los días más cortos?
¬ Eso no lo trabajamos…
[surrealista]
¿Existe la crisis de los veintinueve? ¿Será quizá que se me ha retrasado la de los veinticinco o adelantado la de los 30? Debe ser que, al pasar efectivamente (y sin lugar a dudas) del cuarto de siglo es cuando todo el mundo insiste, silenciosamente, en que hagas balance. Comparas tu vida (sí, las comparaciones son odiosas pero necesarias) con las que conoces de primera mano y ves cómo lo que en la tuya son mil frentes abiertos…
[escaramuzas]
… en otras se reduce a unas pocas batallas de magnitudes titánicas.
[hipotecas, enemigos formidables]
Y, con esa vena masoquista, deseas tener para ti las penurias que vienen de serie con una casa. Vidas que van cerrando ciclos mientras la mía, por mucho abarcar, aprieta poco.
Seré fiel a esa sana costumbre que tengo de preocuparme por las cosas en el último momento y, durante estos días, no pensaré nada más que en las necesidades básicas y animales del ser humano: comer-dormir (y lo de reproducirme lo cambio por orfidalarme).
Y respirar, que no se me olvide respirar…
[aire nuevo]
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